Las danzas del venado y la pascola entre los yoremes de Sinaloa

Entre los yoremem —los mayos del norte de Sinaloa— la música y la danza no son un espectáculo aparte de la vida ceremonial: acompañan, todavía hoy, las fiestas religiosas que marcan el año.

Publicado: 11 de septiembre de 2026

Un pueblo del norte de Sinaloa

Los yoremes —también llamados mayos, aunque «yoreme» es el término con el que muchos de sus integrantes se nombran a sí mismos— son un pueblo indígena asentado en el sur de Sonora y el norte de Sinaloa, en comunidades distribuidas históricamente a lo largo de las riberas del río Fuerte, en los actuales municipios de Ahome y El Fuerte, entre otros. El Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI) y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) documentan una vida ceremonial activa entre estas comunidades, organizada en torno a las pajko o fiestas religiosas.

Venado y pascola, dos figuras de la fiesta

En el centro de buena parte de estas fiestas están las danzas del venado y de la pascola, que según el INPI se cuentan «entre las expresiones rituales emblemáticas de la cultura yoreme o mayo de Sinaloa y Sonora». El danzante de venado, tocado con una cabeza de venado disecada y sonajas en los tobillos, imita con precisión los movimientos del animal; el pascola —cuyo nombre significa, en lengua mayo, «el viejo de la fiesta»— danza enmascarado, en lo que el INPI describe como una representación de la lucha entre las fuerzas de la luz y la oscuridad. Ambas danzas se acompañan de música ejecutada por conjuntos —«paradas»— de arpa, violín, tambor de doble parche y flauta de carrizo, según documenta el investigador del INAH Hugo Eduardo López Aceves.

Una tradición viva, no solo histórica

La música y la danza de los yoremem no son una reliquia de museo, sino una práctica activa: López Aceves documenta que el oficio de músico o danzante se transmite todavía hoy de manera oral, generalmente dentro de la familia, y que su ejercicio conlleva un significado que va más allá de lo musical, ligado a la cosmovisión de estas comunidades. En años recientes, instituciones culturales y comunidades yoreme del norte de Sinaloa —incluida una jornada de trabajo realizada en El Fuerte— han colaborado en programas orientados a salvaguardar estas expresiones, en reconocimiento de que se trata de una tradición que las propias comunidades siguen practicando y transmitiendo, no de un capítulo cerrado de la historia.

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