Pedro Infante: de Mazatlán a Guamúchil

Antes de ser el ídolo del cine y la canción rancheras, Pedro Infante fue un niño de Mazatlán que se formó en Guamúchil: ahí aprendió un oficio, tocó por primera vez en una orquesta y dio los primeros pasos hacia la música que lo haría célebre.

Publicado: 11 de septiembre de 2026

Un nacimiento en Mazatlán

Pedro Infante Cruz nació en Mazatlán el 18 de noviembre de 1917, el cuarto de los catorce hijos de Delfino Infante y Refugio Cruz. Sinaloa lo reclama como suyo desde la cuna, pero fue en otra localidad del estado, tierra adentro, donde transcurrió la parte de su vida que más marcó su formación: Guamúchil, cabecera del municipio de Salvador Alvarado.

Los años de Guamúchil

La familia Infante se trasladó a Guamúchil cuando Pedro era todavía un niño, y ahí pasó el resto de su infancia y su adolescencia. Antes de ser cantante fue, como muchos jóvenes de su generación, aprendiz de varios oficios; entre ellos, el de carpintero, un trabajo que después el museo dedicado a él en esa misma ciudad recordaría con una réplica de taller. A los catorce años se integró como músico a la orquesta local La Rabia, su primera experiencia formal tocando frente a un público. Fue en Guamúchil, y no en su Mazatlán natal, donde Pedro Infante aprendió a tocar y a cantar ante una audiencia.

De Sinaloa al resto de México

En 1937, con veinte años, Pedro Infante dejó Guamúchil por Culiacán, donde cantó con una orquesta y se convirtió en la primera voz transmitida en vivo por la entonces nueva estación radiofónica XEBL. Poco después, una relación con María Luisa León lo llevó a la Ciudad de México, donde su carrera despegaría de manera definitiva: cantó en la XEB, ganó un traje de charro en un concurso de aficionados, trabajó en el cabaret Waikiki y en el salón del Hotel Reforma, y en octubre de 1943 grabó su primera canción para la disquera Peerless. De ahí en adelante, Pedro Infante se convertiría en uno de los rostros y voces más reconocibles del cine y la música populares de México, con más de sesenta películas y alrededor de trescientas canciones a lo largo de su carrera. Cintas como Nosotros los pobres (1948), Los tres García (1946) y Tizoc (1957) lo situaron entre las figuras centrales de la Época de Oro del cine mexicano, el periodo en que el cine nacional alcanzó su mayor proyección internacional.

Un lugar en la memoria sinaloense

Mazatlán y Guamúchil reclaman hoy, cada una a su manera, la memoria de Pedro Infante. En Guamúchil, el Museo Centro Cultural Nacional Pedro Infante, inaugurado en 2017, reúne objetos, vestuario de películas y un recuento de sus distintos oficios —barbero, carpintero, músico, piloto— antes y después de la fama. Es, hasta la fecha, uno de los espacios museísticos dedicados a un solo artista más grandes de su tipo en el país, y un recordatorio de que el camino de Pedro Infante hacia el estrellato empezó, en buena medida, en las calles de una ciudad del interior de Sinaloa, no en un plató de cine.

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